Tu asistente de IA

Usted aprendió la televisión, el celular e internet. Esta es la cuarta.

Ninguna de las tres venía con manual. Las aprendió usándolas, equivocándose un rato y siguiendo. Con esta va a pasar lo mismo, y le va a costar menos, porque esta se habla.

Tu asistente es un teléfono que se maneja hablando. La pantalla queda apagada. Usted dice lo que quiere y él lo hace.

Antes de que siga leyendo: hoy existe uno solo, y lo usa mi papá, que tiene 84 años. Todavía no tiene precio, y más abajo le explico por qué. Todo lo que dice esta página se puede ir a ver en ese teléfono, y lo que no funciona está escrito con la misma letra.

Escribirle a Juan Pablo por WhatsApp Le llega a él. No hay formulario ni registro.

Lo que usted ya hizo

Tres cambios de máquina, y en los tres llegó al otro lado.

Nadie le hizo un curso para ninguno de los tres.

  1. 01

    La televisión

    La casa entera escuchaba la radio. Después la casa entera miró. Le dijeron que la tele iba a arruinar a los niños y la usó igual.

  2. 02

    El celular

    El teléfono estaba clavado a la pared, con su cable y su disco. Un día se fue con usted a la calle y encima se guardaba los números solo.

  3. 03

    Internet

    Buscaba un gásfiter en un libro gordo, por orden alfabético, rezando que estuviera. Hoy escribe tres palabras y aparece.

  4. 04

    Y ahora la inteligencia artificial

    Esta vez no hay aparato que aprenderse. Se le habla, igual que a alguien que está al lado suyo.

    Usted está de los mejor preparados para esto, no de los peores. Lleva tres mudanzas encima y en todas llegó al otro lado.

Un día cualquiera

Así se usa, en la casa de mi papá.

Mi papá se llama Francisco, tiene 84 años y es ciego. A su asistente le puso Hermes. El asistente lo trata de tú porque así lo quiso él.

7 de la mañana

La alarma dice para qué es

“Hermes, pon una alarma a las siete.”

Él pregunta lo que falta: si es de la mañana o de la tarde, si es todos los días, y qué nombre le pone. Mi papá le puso remedios. Cuando suena, dice la palabra en voz alta y no se calla hasta que aprieta el botón de abajo. Hablando no se apaga, para que no la mate sin querer.

Queda guardada adentro del teléfono. Suena aunque ese día no haya internet.

10 de la mañana

La radio se hace a un lado sola

“Hermes, pon radio Cooperativa.”

Si en medio entra una llamada, le baja el volumen, dice quién llama y al colgar la vuelve a poner.

Él no toca nada en todo eso. El teléfono puede estar en el bolsillo.

Mediodía

Te está llamando Juan Pablo

El teléfono suena y dice el nombre en voz alta antes de que conteste. Un clic al botón de arriba contesta, uno al de abajo cuelga, y también sirve decirle: Hermes, contesta.

Esto no pasa por internet ni por la inteligencia artificial. Anda igual cuando no hay señal de datos.

4 de la tarde

El WhatsApp que llegó, leído en voz alta

Cuando entra un mensaje, se lo lee. El 19 de septiembre lo medimos con reloj: entró a las 17:19:02 y el teléfono ya lo tenía a las 17:19:04. Dos segundos.

No contesta por él. Le lee lo que llegó y ahí queda.

7 de la tarde

Una nota dictada llega escrita

“Hermes, graba una nota.”

Espera el bip y habla el rato que quiera. Al terminar, un clic. La nota le llega escrita a su hijo, y a él el asistente le dice un resumen.

Con una reunión larga es igual: la graba entera y la deja escrita, separando quién dijo cada cosa.

La objeción de siempre

¿Y si yo veo perfecto?

Lo armé así porque mi papá es ciego y no le quedaba otra. Pero mire otra vez lo de arriba: la mitad no tiene nada que ver con la vista. Dictar una nota caminando y que llegue escrita. Grabar una reunión de una hora y recibirla escrita, con quién dijo cada cosa. Poner la radio con las manos ocupadas. Llamar diciendo un nombre.

Todo eso le sirve igual si usted ve perfecto y lo que lo tiene chato es la pantalla: los íconos chicos, las actualizaciones y que le cambien las cosas de lugar cada seis meses.

La pregunta que me hacen primero

¿Esto me está escuchando todo el día?

No. La palabra Hermes se oye adentro del teléfono, que no cuesta nada y no manda nada para afuera. Antes de que usted la diga no sale ni un byte de audio del aparato. Cuando la dice, suena un tic cortito: ahí empezó a escuchar, y usted lo oye cada vez.

Si prefiere que no escuche nada, le dice: descansa. Se apaga el micrófono. Las llamadas, las alarmas y el aviso de caída siguen andando igual. Vuelve con dos clics. Y de noche se calla solo, de once y media a nueve de la mañana.

¿Y quién ve lo que yo digo?

En el teléfono de mi papá, a mí me llegan tres cosas: el aviso si se cae, el aviso si pide auxilio, y las fotos que él me manda a propósito. Nada más, y él lo sabe.

Si armamos uno para usted, esa lista la hacemos usted y yo antes de empezar, y queda escrita.

Domingo 20 de septiembre de 2026

El domingo que el teléfono lo hizo mal.

Mi papá entró a misa con el teléfono en el bolsillo. Sentado en el banco, el aparato quedó apretado contra el cuerpo, con los dos botones del costado hundidos tres segundos. Para el teléfono eso era una emergencia y llamó a la familia. Tres veces, por nada.

“hoy fue un desastre, se activó muchas veces, no podía apagarlo”

Lo escribí yo ese mismo domingo, a mediodía.

Esa misma tarde quedaron dos cosas cambiadas. El auxilio apretando botones quedó apagado, completo: ahora se pide hablando, y hablando nunca se disparó solo. Y se agregó un silencio total para la misa, que empieza diez minutos antes de la hora, porque a misa nadie llega en punto.

Una alarma que suena cuando no pasa nada le enseña a la familia a ignorar la próxima. Por eso se apagó el mismo día.

Preguntarle algo a Juan Pablo Por WhatsApp, y le contesta él

Verde

Lo que hace hoy.

Rojo

Lo que todavía no hace.

Si alguna de estas dos listas cambia, cambia esta página. No al revés.

La pregunta obvia

Cuánto cuesta.

Todavía no tiene precio y no le voy a inventar uno. Con un teléfono armado no me alcanza para ponerle número a nada.

Qué pasa si me escribe

Le contesto yo. Conversamos veinte minutos, por WhatsApp o por teléfono, cuando a usted le acomode. En esa conversación le digo tres cosas: qué de todo esto le sirve, qué no existe todavía, y cuánto costaría armarlo en su caso.

Si la respuesta es que todavía no, se la doy igual, y la conversación no se cobra.

Quién le está hablando

Juan Pablo Matte.

Tengo un negocio chico que se llama Tu academIA: asesorías de inteligencia artificial, clases y asistentes para empresas. Hoy tengo nueve asistentes andando en cinco servidores y tres empresas que me pagan por eso.

A las empresas les instalo el mismo programa, pero ahí entra por Telegram y trabaja escribiendo. El del teléfono lo armé para mi papá cuando se quedó ciego, y de ahí salió todo lo demás.

Yo tampoco nací sabiendo esto: lo aprendí hace poco, usándolo, que es como usted aprendió las otras tres.

Lo que sigue

Escríbame y me pregunta.

Se abre WhatsApp con el mensaje ya escrito. Solo hay que apretar enviar. No hay formulario, no hay que registrarse, y no le va a contestar una máquina.

Escribirle a Juan Pablo por WhatsApp Se abre WhatsApp con el mensaje ya escrito

O llámeme: +56 9 9848 5452